FUTECMA (Fundación Técnica Pro-Medio Ambiente) se identifica como "una Institución de Utilidad Pública, apolítica, sin fines de lucro, al servicio de la población ciudadana en la protección de medio ambiente y la sostenibilidad de un desarrollo controlado".
Su sitio Web es sencillo, pero muy atractivo, y contiene aspectos clave respecto a la Fundación, tales como su Filosofía, Proyectos, y datos generales sobre el Parque Walter T. Deininger.
En la sección de Filosofía, podemos conocer la misión, objetivos y áreas de acción de FUTECMA, las que se clasifican en Educación Ambiental, Conservación de Suelos, Protección de Areas Naturales, y Participación Comunitaria.
En cuanto a sus proyectos, la Fundación los clasifica en proyectos de educación, entrenamiento, conservación de suelos y desarrollo sostenible. Además, aparece una reseña de los proyectos completados.
En la sección dedicada al Parque Deininger, nos enteramos que está ubicado en el departamento de La Libertad, a cinco kilómetros al este de la ciudad de La Libertad y a 35 Km. de la capital. El acceso principal al Parque se encuentra en el Km.55 de la carretera el Litoral. Está conformado por un área de 1,047 manzanas, equivalentes a 732 hectáreas ó 1,850 acres, que gracias a FUTECMA se mantienen protegidos de la deforestación, cacería, incendios forestales, etc.
Vale la pena mencionar que la totalidad del sitio Web se halla en español y en inglés, lo que posibilita que el mensaje de la Fundación alcance a otras entidades y personas, a nivel mundial, interesadas en la preservación del medio ambiente en El Salvador.
Modelos para el uso de Internet
En la mayoría de las ocasiones la tecnología no viene sola. Cuando menos la acompaña un modo diferente de hacer las cosas y, en casos más dramáticos, un cambio cultural. Internet ha sido uno de estos casos dramáticos, pues ha transformado, y continúa haciéndolo, nuestras vidas y nuestras formas de llevar a cabo algunas actividades.
Normalmente, cuando un cambio social tan grande como el que ha implicado Internet ocurre, se da masivamente, y casi en forma invasiva. Es hasta el momento en que alguien se detiene a reflexionar un poco sobre las implicaciones sociales y, sobretodo, los presupuestos en que se sustenta, que puede proponer esquemas y premisas que pueden hacer apropiada la tecnología.
Para el caso de Internet, el modelo de difusión y uso que viene como compañía, es el que se puede aplicar en países como Estados Unidos, Australia, Japón o algunos de Europa. Estos países poseen una densidad de penetración de teléfonos y computadores personales del orden de 97%-100% y 46%-50%, respectivamente. Es decir, 97 de cada 100 familias poseen teléfono en su hogar y 46 de cada 100 tienen una PC en su casa. Con estos datos, es lógico suponer que la mayor parte de personas que acceden Internet lo pueden hacer desde su casa, utilizando su línea telefónica y su computadora.
Pero el modelo EEUU no se queda ahí, por cuanto potencia y estimula el acceso a la información, y en menor escala la producción de la misma.
En países de Africa, Latinoamérica y otros similares, es claro que tal modelo no aplica, y debe ser reconsiderado o replanteado según las condiciones propias, de menor acceso a teléfonos y computadores personales a nivel hogar, sobre todo en áreas que no son la urbe principal. Ese es el fundamento racional para proyectos como Infocentros, impulsado por la Asociación del mismo nombre, sin fines de lucro, que puede hacer la diferencia entre una aplicación exitosa de tecnología con miras al desarrollo, o una mera imitación de patrones importados.